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El BUEN COMIENZO
es un derecho de todos los niños y niñas
La etapa prenatal y los primeros tres años de vida constituyen un período crítico para el desarrollo cognitivo, del lenguaje y de las destrezas sociales y emocionales.
En ese período de la vida, el crecimiento cerebral es más rápido y dependiente de una buena nutrición y ricas experiencias emocionales. El 40% de las habilidades mentales del adulto se forman en los tres primeros años de vida.
Desarrollo infantil es mucho más que alimentación adecuada. Los niños de 0 a 3 años se desarrollan y aprenden con mayor rapidez cuando además reciben afecto, comprensión, cuidado, estimulación (un medio ambiente enriquecedor) y atención de la salud.
Cuando el niño o niña recibe una buena crianza y atención durante sus primeros años, tiene más posibilidades de sobrevivir, de crecer de una manera saludable, de desarrollar plenamente su capacidad de pensamiento, verbal, emocional y sus aptitudes sociales.
A esta temprana edad se estructura la base de la personalidad del sujeto, las matrices afectivas, de aprendizaje, de inserción social y se generan gran parte de las condiciones personales para el futuro individual y social.
Asegurar que los niños disfruten durante sus primeros años de las mejores condiciones de vida es una de las inversiones más inteligentes que puede realizar un país que piensa en su futuro y en la posibilidad de ser parte de una economía mundializada que se basa en la fortaleza de su capital humano.
Garantizar un BUEN COMIENZO para los niños y niñas puede contribuir a quebrar los ciclos de la pobreza, la enfermedad y la violencia que afectan al país.
Los niños son receptores y recreadores de valores y principios esenciales que rigen a toda la sociedad. Ayudar a que ellos crezcan y se desarrollen en ámbitos donde predominen valores como la justicia, la solidaridad, la equidad, el respeto, la participación y la ciudadanía, forma parte de la construcción de una sociedad mejor.
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Los factores genético, hormonal, nutricional y afectivo inciden en el crecimiento infantil adecuado. Pero si algún pequeño presenta fallas en alguno de estos, no quiere decir que sean definitivos.
El crecimiento de los niños, en cuanto a peso y talla, es un aspecto esencial sobre el que los padres deben estar atentos durante la crianza de sus hijos, pues en caso de presentarse algún inconveniente, la detección temprana permite tratarlo y corregirlo.
“A veces nos preocupamos mucho por el peso del niño y nos olvidamos de que este va ligado a la talla; es decir, si su talla no aumenta, tampoco subirá de peso. Entonces, si nos dedicamos a aumentarle el peso dándole más comida y suplementos alimenticios creyendo que así crecerá más, lo que se logra es que el niño engorde, no que crezca”, explica Shokery Awadalla, endocrinólogo pediatra.
El especialista afirma que, en condiciones normales, un bebé que ha nacido con una talla de aproximadamente 50 centímetros y unos 3 kilos y medio de peso, en el primer año debe crecer en promedio de 20 a 25 centímetros y aumentar alrededor de 7 kilos de peso. En el segundo año, el niño aumentará unos 3 kilos de peso y su talla aumentará en 12 centímetros. Para el tercer año se espera que el niño suba entre 2 y 3 kilos de peso y su talla se incremente en 7 centímetros. Del cuarto año en adelante, el niño crecerá 5 centímetros por año, hasta cuando llega al inicio de la pubertad, que es aproximadamente a los 9 años en las niñas y 10 años en los niños.
Sin embargo, Awadalla sostiene que puede haber variaciones; por eso, es indispensable que el control lo haga el pediatra del niño. Aún así, el mejor método para que los padres supervisen el crecimiento de sus hijos es a través de la ropa del pequeño; es decir, niños de dos años que todavía usen la ropa del año y medio. Igualmente, es posible detectar alteraciones cuando el niño es el más bajito del curso.
Factores que inciden en el crecimiento infantil
✤ Factor genético. Se refiere esencialmente a los genes que el niño heredó de su familia. Ahora bien, hay que tener presente que existe una gran diferencia entre talla baja genética y la talla baja patológica por genética. Es decir, la talla baja genética implica que la talla de los padres incide de una forma u otra en la talla de los niños. “Así, los hijos de padres de baja estatura pueden ser también bajitos. Pero no hay que confiarse —dice el especialista—, porque los padres pueden tener alguna enfermedad genética hereditaria que incide en la talla y que hereda el niño”. Por otro lado, la talla baja patológica por enfermedades genéticas es causada por alteraciones en el número o la estructura de los cromosomas. La más conocida es el síndrome de Turner, que se presenta en las niñas.
✤ Factor hormonal. Awadalla asegura que el equilibrio hormonal es indispensable, aunque en las diferentes etapas del desarrollo, hay una hormona específica que lidera el crecimiento del niño. “Por ejemplo, a nivel intrauterino, la hormona que interviene directamente en el crecimiento es la insulina. Una vez nace el bebé y hasta los dos años, la más importante es la producida por la tiroides”, explica el especialista.
✤ Factor nutricional. La alimentación balanceada y nutritiva es determinante para el crecimiento de los niños. Sin embargo, Awadalla subraya que “existe una gran diferencia entre ser delgado y ser desnutrido”. Es fundamental tener esto en cuenta, pues actualmente hay un aumento extremo en la obesidad de los niños, porque se cree erróneamente que si el niño es delgado, hay una falla en su crecimiento y que, por eso, se le debe subir de peso. Así, lo único que se logra es engordarlo, no ayudarlo a crecer.
✤ Factor afectivo. “A los niños hay que quererlos para que crezcan. Si el niño no es amado, no va a crecer”, subraya Awadalla enfáticamente y agrega que existe una entidad que se conoce como ‘enanismo sicosocial’. Cuando un niño lo padece, su efecto es que no crece porque no hay quien lo quiera, consienta y mime o porque vive en un ambiente de indiferencia u hostilidad que hace que su hipófisis deje de producir la hormona del crecimiento.
Este factor lo puede detectar un pediatra atento cuando al niño lo lleva a la consulta la vecina, la nana o la empleada, pero no se le conoce ningún familiar cercano, ni los papás.
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Artículos sobre las relaciones entre padres e hijos. / Psicología, Medicina y Salud. / Reflexiones, cartas, ensayos. / Comentarios sobre los diferentes periodos de la vida de los seres humanos. / El embarazo, la niñez, la adolescencia, la adultez y la tercera edad.
martes, 5 de octubre de 2010
(4) REFLEXIONES / FATHERS & SONS
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Por Arthur Maslow
(Traducción del original, por Helena Ramirez)
Cuando derrame comida sobre mi camisa y olvide cómo debo atarme mis zapatos, ten paciencia. Recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer las mismas cosas.
Si conversas conmigo, y te das cuenta que repito y repito las mismas palabras y sabes de sobra como termina la historia, por favor no me interrumpas y escúchame. En tu niñez, muchas veces te escuché con amor contar tus pequeñas penas y tus grandes alegrías y cuantas veces, tuve que convertirme en un payaso, en un mimo, o en un mago para consolarte y hacerte reír.
Y por las noches, aunque yo llegaba agotado del trabajo, cuántas veces tuve que narrarte el mismo cuento, y cantarte las canciones de cuna que más te gustaban para que pudieras dormirte feliz.
Por eso, cuando mis piernas fallen por estar ya cansadas de andar en la vida, dame tu mano cariñosa y amable para apoyarme, como yo te dí las mías, tantas veces, cuando las necesitaste.
Y cuando en algún momento, mientras conversamos, me olvide de qué estamos hablando..., dame el tiempo que sea necesario hasta que yo lo recuerde. Y si al final no puedo hacerlo, no te impacientes, porque tal vez no era algo importante y lo único que quería era estar contigo y que me escucharas un momento.
Y cuando me veas inútil frente a las nuevas tecnologías, te suplico que me las indiques y esperes hasta que las comprenda, pero no me mires con una sonrisa burlona porque eso me lastima. Acuérdate que fui yo quien te enseñó tantas cosas: A caminar, a correr, a montar en bicicleta, a amar la naturaleza, a subir sin miedo a los juegos mecánicos, a usar el tenedor y la cuchara, a vestirte antes de ir al colegio... y sobre todo, no olvides que fui yo y también tu madre, quienes te enseñamos a enfrentar la vida tan bien como lo haces ahora, cuando eres una persona de bien, honesta y bondadosa.
Si conversas conmigo, y te das cuenta que repito y repito las mismas palabras y sabes de sobra como termina la historia, por favor no me interrumpas y escúchame. En tu niñez, muchas veces te escuché con amor contar tus pequeñas penas y tus grandes alegrías y cuantas veces, tuve que convertirme en un payaso, en un mimo, o en un mago para consolarte y hacerte reír.
Y por las noches, aunque yo llegaba agotado del trabajo, cuántas veces tuve que narrarte el mismo cuento, y cantarte las canciones de cuna que más te gustaban para que pudieras dormirte feliz.
Por eso, cuando mis piernas fallen por estar ya cansadas de andar en la vida, dame tu mano cariñosa y amable para apoyarme, como yo te dí las mías, tantas veces, cuando las necesitaste.
Y cuando en algún momento, mientras conversamos, me olvide de qué estamos hablando..., dame el tiempo que sea necesario hasta que yo lo recuerde. Y si al final no puedo hacerlo, no te impacientes, porque tal vez no era algo importante y lo único que quería era estar contigo y que me escucharas un momento.
Y cuando me veas inútil frente a las nuevas tecnologías, te suplico que me las indiques y esperes hasta que las comprenda, pero no me mires con una sonrisa burlona porque eso me lastima. Acuérdate que fui yo quien te enseñó tantas cosas: A caminar, a correr, a montar en bicicleta, a amar la naturaleza, a subir sin miedo a los juegos mecánicos, a usar el tenedor y la cuchara, a vestirte antes de ir al colegio... y sobre todo, no olvides que fui yo y también tu madre, quienes te enseñamos a enfrentar la vida tan bien como lo haces ahora, cuando eres una persona de bien, honesta y bondadosa.
Y si voy contigo en la calle y camino despacio; o si me detengo a reposar un rato, o si me falla la memoria y no recuerdo los nombres de las cosas, por favor ténme paciencia y no me regañes, porque un padre que estuvo tan pendiente de ti, no merece ese trato.
Y finalmente cuando algún día me oigas decir que no tengo apetito, que estoy perdiendo las fuerzas, que me siento cansado; que casi no veo, que no quiero salir porque me da miedo caerme en la calle, entonces... ten paciencia conmigo y compréndeme, pues ya no soy el padre joven de tu niñez, el que jugaba contigo, el que te cargaba, el que te invitaba a comer helados, el que te llevaba al teatro, al circo, a los parques, y el que todos los domingos era feliz llevándote a pasear al campo, a las montañas, a los lagos...
Ahora me estoy volviendo viejo, y me siento lento y pesado, y solo quiero vivir estos últimos días, tranquilo y reposado. Y aunque ya no tengo el estress de los duros años cuando tuve que buscar el sustento, hay días que amanezco con el corazón fatigado y los músculos lentos.
Lo bueno es que ahora tengo tiempo para pensar y meditar sobre lo que fue mi vida, y me alegro de muchas cosas, sobre todo de haberte dado mi apoyo y mi cariño, con los que lograste salir adelante y triunfar.
Y aunque a veces me pongo triste porque me siento solo y enfermo, quiero que sepas que sigo amándote como siempre te he amado, porque el amor de los padres es incondicional y eterno...
Ayer aprendí una cosa nueva; me la reveló mi médico cuando fui al consultorio. (Yo lo respeto porque es un hombre sabio y bueno). Me dijo: "Las tres mejores medicinas para curar las enfermedades de los viejos son la gratitud, el amor y el apoyo de los hijos". Y me quedé pensando en ésto y supe que era verdad lo que me dijo mi médico.
Por eso, talvez esta carta es para expresarte que deseo morir sabiendo de tu amor y tu solidaridad. O quizás es para decirte que espero no me abandones en esta etapa de mi vida, que es cuando el ser humano se siente más débil, más solo y más triste.
O talvez esta carta es para decirte que lo que mi memoria no ha olvidado, ni olvidará nunca, son tus ojos risueños cuando me veías llegar a casa después de salir del trabajo, y también tus abrazos cariñosos con tus pequeñas y dulces manos.

Talvez esta carta es para agradecerte una llamada, una sonrisa, un abrazo, un saludo cariñoso, un "no te he olvidado", un “te amo viejo”, un “estoy aquí, contigo… aunque viva lejos”.
O quizás es para recordarte que tienes un padre que te ama inmensamente y que te amará hasta el último momento de la vida, a pesar de todo, a pesar de la distancia, del tiempo y del olvido...
Y finalmente cuando algún día me oigas decir que no tengo apetito, que estoy perdiendo las fuerzas, que me siento cansado; que casi no veo, que no quiero salir porque me da miedo caerme en la calle, entonces... ten paciencia conmigo y compréndeme, pues ya no soy el padre joven de tu niñez, el que jugaba contigo, el que te cargaba, el que te invitaba a comer helados, el que te llevaba al teatro, al circo, a los parques, y el que todos los domingos era feliz llevándote a pasear al campo, a las montañas, a los lagos...
Ahora me estoy volviendo viejo, y me siento lento y pesado, y solo quiero vivir estos últimos días, tranquilo y reposado. Y aunque ya no tengo el estress de los duros años cuando tuve que buscar el sustento, hay días que amanezco con el corazón fatigado y los músculos lentos.
Lo bueno es que ahora tengo tiempo para pensar y meditar sobre lo que fue mi vida, y me alegro de muchas cosas, sobre todo de haberte dado mi apoyo y mi cariño, con los que lograste salir adelante y triunfar.
Y aunque a veces me pongo triste porque me siento solo y enfermo, quiero que sepas que sigo amándote como siempre te he amado, porque el amor de los padres es incondicional y eterno...
Ayer aprendí una cosa nueva; me la reveló mi médico cuando fui al consultorio. (Yo lo respeto porque es un hombre sabio y bueno). Me dijo: "Las tres mejores medicinas para curar las enfermedades de los viejos son la gratitud, el amor y el apoyo de los hijos". Y me quedé pensando en ésto y supe que era verdad lo que me dijo mi médico.
Por eso, talvez esta carta es para expresarte que deseo morir sabiendo de tu amor y tu solidaridad. O quizás es para decirte que espero no me abandones en esta etapa de mi vida, que es cuando el ser humano se siente más débil, más solo y más triste.
O talvez esta carta es para decirte que lo que mi memoria no ha olvidado, ni olvidará nunca, son tus ojos risueños cuando me veías llegar a casa después de salir del trabajo, y también tus abrazos cariñosos con tus pequeñas y dulces manos.

Talvez esta carta es para agradecerte una llamada, una sonrisa, un abrazo, un saludo cariñoso, un "no te he olvidado", un “te amo viejo”, un “estoy aquí, contigo… aunque viva lejos”.
O quizás es para recordarte que tienes un padre que te ama inmensamente y que te amará hasta el último momento de la vida, a pesar de todo, a pesar de la distancia, del tiempo y del olvido...
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POEMAS / FATHERS & SONS
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POEMAS A LAS MADRES
(Madres e hijos)
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Canción de la madre
Por Gabriela Mistral
Duerme, duerme, dueño mío,
sin zozobra, sin temor,
aunque no se duerma mi alma,
aunque no descanse yo.
sin zozobra, sin temor,
aunque no se duerma mi alma,
aunque no descanse yo.
Duerme, duerme y en la noche
seas tú menos rumor
que la hoja de la hierba,
que la seda del vellón.
seas tú menos rumor
que la hoja de la hierba,
que la seda del vellón.
Duerma en ti la carne mía,
mi zozobra, mi temblor.
En ti ciérrense mis ojos:
¡duerma en ti mi corazón!
mi zozobra, mi temblor.
En ti ciérrense mis ojos:
¡duerma en ti mi corazón!
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Por Alfredo Espino
Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!
Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).
Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡Las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!
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